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domingo, 9 de enero de 2011

Carta de un niño Laboral


Queridos padres, abuela y hermanos:
                                              Espero que a la llegada de esta carta,  todos estéis bien, yo estoy bien gracias a Dios.
Os escribo para deciros que el viaje de vuelta de las vacaciones ha sido bueno; después de despedirnos en la estación, con lágrimas en los ojos y con la esperanza de volvernos a ver pronto, nos dirigimos a Jaén para recoger a los compañeros de allí; por cierto, me dan recuerdos los padres de Raúl, que fueron a despedirlo a la estación.
El viaje ha sido normal; algunos compañeros se marearon, como siempre en la carretera de Granada a Jaén, ya sabéis que aquellas curvas son mortales para los estómagos más delicados. Después de varias paradas en el camino pasamos por Madrid y sin apenas tráfico lo dejamos atrás. Desde entonces la nieve nos acompañó siempre y las cunetas estaban blancas. La llegada a la Laboral se produjo a las 10 de la noche y fue al bajarnos del autocar cuando nos dimos cuenta del frío tan horroroso que hace por estas tierras abandonadas de Dios. Todo estaba silencioso, pues ya dormían los compañeros que habían llegado antes y a nosotros nos recibieron con un vaso de leche caliente y unas cuantas galletas que nuestro estómago “agilao” agradeció.
Hoy, nos han despertado con música y me he levantado sobresaltado porque soñaba que estaba en el pueblo y no era consciente de que ya las vacaciones pasaron.
Todavía faltan compañeros por llegar, pues según nos dicen hay varios grupos atascados por la nieve y no pueden viajar; concretamente en Béjar, el puerto está cerrado y tienen que esperar por culpa de la nieve los que vienen por esa ruta.
Me acuerdo mucho de vosotros y solo cuento los días para volver a abrazaros.
Abuela estaré siempre pensando en el día que me vuelva a echar a la boca tu deliciosa “olla” que como tú la haces, nadie sabe hacerla.
El ambiente en el recreo de hoy era triste; sin quererlo reconocer, estábamos todos pensando en nuestras familias y en las reuniones que por Navidad se hacen para comer. Todos contamos anécdotas bonitas y por eso la melancolía de lo pasado nos acompaña en nuestras primeras horas zamoranas. Como es normal la niebla hace que jugar casi sea imposible.
Y sin más que contaros me despido de todos vosotros esperando que vuestra carta llegue pronto. Recibid un fuerte abrazo y muchos besos de este que os quiere.
Vuestro hijo, hermano y nieto.

viernes, 9 de octubre de 2009

Imágenes vivas en los recuerdos

Perdonad mi ausencia pero la dichosa "gripe A" nos has visitado con resultados distintos; mi hijo acabó en el hospital varios días y en casa hemos estado todos tocados.
Buenos a lo que iba, siguiendo a nuestro "Peque" he sacado del baúl de los recuerdos en mi última visita a mi pueblo, unos viejos libros que creo que a todos nos diran algo; para algunos serán gloria bendita y para otros una autentica pesadilla. Las emociones son libres, ¿verdad?

viernes, 20 de marzo de 2009

Los estudiantes furtivos (final)

Indudablemente el levantarse a estudiar estaba rigurosamente prohibido, las aulas quedaban cerradas a cal y canto y sólo nos queda un lugar donde ocultarse porque la luz se conservaba encendida toda la noche. Ese lugar eran los servicios. Con poca luz tenías que instruirte como Napoleón invadió Rusia, las partes del estómago de un rumiante, la regla de Rufini, la caída libre de los cuerpos, Aristóteles… quitar horas al sueño se convirtió en la actividad más furtiva del internado. Dabas tiempo a que el vigilante de turno estuviera dormido en su primer sueño para levantarte.

Dentro de nuestro complot nocturno contábamos con la valiosa ayuda del conserje de noche del colegio; antes de subir a los dormitorios la noche que tenías que trasnochar le dejabas una nota y él puntualmente con su vieja linterna te sacaba de tu sueño; tan servicial era que no se marchaba de la habitación hasta que no estabas de pie y con el pijama puesto: me queda la duda de si era para alumbrarnos o para vernos el “paquete” mientras nos vestíamos.

Con pocas ganas cogíamos nuestra almohada y en la taza o bajo la ducha nos acomodábamos y bla, bla, bla… hasta que el sueño otra vez nos vencía. Hay que decir que si por un casual el “lobo” se despertaba te podías considerar sancionado por mucho tiempo. Hoy a los estudiantes se les pena por no estudiar y a nosotros nos castigaban por querer estudiar, lo que ha cambiado la vida. Gracias a esas horas robadas al sueño algunos logramos llegar a la Universidad para emprender la carrera que elegimos.

sábado, 14 de marzo de 2009

Los estudiantes furtivos (2ª parte)

Acabado el ágape retornábamos al patio a reposar la comida jugando al fútbol. De tres a cinco volvían las “deseadas” clases y más aletargados que un lagarto tomando el sol en un olivo, esperábamos la merienda y la vuelta al patio. Un largo recreo daba paso al deseado estudio; dos horas poseíamos para poner en orden todas las asignaturas; ejecutar los ejercicios y estudiar. Sólo dos horitas para asimilar aquello que durante todo el día te habían estado bombardeando.

A los superdotados, que los había, les bastaba y les sobraba el tiempo de estudio, pero para el personal del montón, entre los que me cuento yo, era muy poco y teníamos que obtenerlo de otra actividad. ¿Cuál? Tal y cómo estaba proyectado el día, sólo teníamos de libre disposición nuestras horas de sueño. Desde las diez treinta aproximadamente hasta las siete y pico de la mañana teníamos que trabajar furtivamente para adquirir los objetivos que nos habían presentado para aprobar el curso y seguir con la beca.

Continuará...

martes, 10 de marzo de 2009

Los estudiantes furtivos (1ª parte)

Estudiar en un internado resultaba, a simple vista, algo lógico, fácil y efectivo. Cuando un chavea en mi pueblo no sacaba buenas notas, era amenazado con ingresarlo en un internado; hasta aquí todo parece normal. Para los que nunca pisaron un colegio en régimen de internado, les diré que desde que se pone los pies en el suelo hasta que vuelves a meterte en la cama, todo el tiempo lo tienes programado.
Te levantan bien temprano y desde ese instante… a correr que no llegas. En la “Uni” el nuevo día empezaba con el aseo personal; a continuación la “santa misa” por aquello de poderte limpiar de los malos sueños de la anterior noche; una vez inmaculado de espíritu, a desayunar y acto seguido, sin apenas reposar el “agua manchada”, que así era lo que llamaban café con leche y una rebanada de pan con mantequilla, te subían a las clases a sufrir al “profe” de turno, unas tres horas sin cortes publicitarios.
Con la cabeza bien dolorida llegaba el recreo y para reponer fuerzas mentales te daban un bocata (pan con chocolate) y a los servicios, tras una cola, para cambiar el agua a las “aceitunas”; luego más desahogado ibas al patio donde podías jugar al fútbol, al fútbol o al fútbol. Tras media hora de diversión en un gran “spa” otra vez a clase; a las dos nos daban el “rancho” que tras un “gracias Señor por los alimentos que vamos a tomar para mantenernos en tu santo servicio” nos deleitábamos en amenas charlas de adolescentes y en media hora arreglábamos el mundo y acabábamos con todas la legítimas guerras que los mayores en nombre de la paz habían montado...
Continuará...

sábado, 14 de febrero de 2009

Había una vez un zorro... (final)

De repente el aviso y todo el mundo a su habitación porque la luz se iba a apagar. Cada uno en su lecho… y entonces era cuando las risitas surgían a la memoria del chiste o cuando la peste del pedo aún se apreciaba en el ambiente. Dependiendo del vigilante que tocara en el piso, nos estaba más o menos permitida cierta “licencia” mental antes de atrancar los ojos para que cada uno viajara en sus sueños íntimos al lugar más inaccesible.

Voy a sacar de mi baúl memorístico un hecho que ni en Guantánamo lo practican. Creo que fue en 4º; tan radiantes estábamos que esa noche bajamos la guardia y el “zorro” entró en el gallinero. Creo recordar que junto a mí estaba Varela, Capilla, Alías y otro que no recuerdo; en plena efervescencia catártica del estrés habitual nos pillaron. Esa noche el “führer” nos mandó a D. Fausto, hombre tosco, con cara de pocos amigos, parecía recién salido de la Legión extranjera… Entró en la habitación cerró la puerta e iluminó nuestras radiantes caras; por supuesto la alegría se transformó en un silencio sepulcral. Tan seguro estaba de su poder que nos sometió solo con su mirada y su sonrisa hipócrita.

Uno a uno nos fue sacando de la cama y con sus dedos de gigante nos fue pellizcando en el reverso de la mano hasta hacernos gimotear:

- Llora – nos pedía; si no lo hacías rápido más apretaba él; ni que decir tiene que la mano te recordaría por varios días la degradación sufrida.

Hubo un bravo que opuso resistencia demasiado tiempo y lo pagó caro; no bastó la mano, tuvo que utilizar algún coscorrón que otro. Aquella noche me sentí la persona más miserable del universo y por un momento me desprecié a mí mismo por sentirme tan cobarde ante la infamia y el despotismo de un tirano.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Había una vez un zorro... (2ª parte)

Bien sabéis todos que sobre las 9 y pico de la noche nos avisaban para recogernos en los distintos pisos donde estaban los dormitorios. Creo recordar que en los primeros cursos, desde que pisábamos el primer peldaño de aquella gran escalera, el mutismo nos era impuesto igual que se cubre en un cementerio un sepulcro. Nadie podía comunicarse con nadie; era el instante donde se promovían las miradas furtivas, las contraseñas gestuales que, sin hablar, comunicaban más que las palabras, instituimos nuestras propias claves secretas…
Cada uno dedicado a su cuidado personal: dientes, pies, cutis (por lo del acné), arreglo de armarios… Siempre vigilante el ayo de turno, pasillo arriba, pasillo abajo, con su misal o libro de lectura obligatoria e inspeccionando de reojo a la “peña”. Aprovechábamos para hablar bajito por tandas según el lugar del pasillo donde se encontrara el guardián. Clandestinamente iban surgiendo chistes verdes, quejas por los pies pestosos, insufribles, algún pedo que otro…

Continuará...

domingo, 8 de febrero de 2009

Había una vez un zorro... (1ª parte)

Cuando quiero poner en orden los recuerdos que atesoro en mi ya atestado hipocampo, o zona del cerebro que se ocupa de la memoria, se me fusionan y a veces me es imposible reordenarlos con nitidez. Ya sabemos que en la trama de los recuerdos, no es lo mismo la memoria a corto plazo que a largo plazo; cuando quiero traer al presente aquellos momentos vividos en la “Grillera”, se me amontonan todos en la cabeza y me es difícil decir en qué lugar se fueron acaeciendo.

Hoy quiero traeros al presente unos acontecimientos, que para algunos resultaran un poco dramatizados, pero para los que los sobrellevamos no serán más que pesadillas vividas y sufridas en nuestras propias carnes, que nos han hecho fuertes y nos han unido más en la lucha por subsistir.

Continuará...

martes, 9 de diciembre de 2008

Represión por norma (final)

Por supuesto aquel descubrimiento traería cola; nos liquidaron el taller y tras un severo interrogatorio resolvieron que José Mª sería expulsado del colegio durante 15 días; a mí me descontaron del talonario 30 puntos y algún fin de semana castigado sin salir a pasear. Escribieron cartas a nuestras familias con severas advertencias de ser expulsados del centro por semejante acción, merecedora de “excomunión”.

Las revistas no se volvieron a ver y creo que D. Félix hizo buen uso de ellas, pues a partir de ese momento pasaba más tiempo en su despacho de lo que nos tenía acostumbrados, y no era para menos ya que las fotos que había en ellas eran para “oscar” y nunca olvidaré la cara que puse la primera vez que mis ojos contemplaron a tales bellezas desnudas, ¡fue tal el estallido de placer…!

Y mi querido José Mª que aquel día fue tratado como un delincuente juvenil, paradojas de la vida, años más tarde, entregó su propia vida para salvar la de otros. Estés donde estés, querido amigo, nunca te olvidaré y siempre ocuparás un lugar privilegiado en el mundo de mis recuerdos.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Represión por norma (2ª parte)

En 5º habían cambiado ciertas cosas y ya no era tan férrea la disciplina; lo que más tarde se llamó “la Perestroika” empezó en la Laboral. No sé como ni quien salió la idea, el caso es que convencimos a nuestro tutor y éste a D. Félix, el de la campanilla, para que nos dejara un aula que no se usaba y estaba vacía (el número de alumnos en 5º había disminuido) y así poder montar un pequeño “taller de francés”, que utilizaríamos en nuestros ratos libres; contábamos con un radio-cassette, cintas y un curso de francés llamado “Assimil”. Hasta aquí, todo era perfecto…

Por entonces los “españolitos” que acudían al país vecino a trabajar además de dinero y cultura, solían traer lo que aquí no era permitido: revistas, música, porno… José Mª no iba a ser menos. En el taller de francés usábamos todo tipo de material didáctico para facilitar nuestro aprendizaje. Tal era así que los mismos educadores nos ponían de ejemplo de cómo el “querer” era la antesala del “poder” y nuestra iniciativa de aprender fuera de horario se valoraba mucho.

La confianza o la relajación nos traicionaron al no valorar el peligro que se corría con el material que ocultábamos en nuestro “personal refugio”; la llave la teníamos nosotros y no había que temer; pardillos, que éramos, no pensamos que toda cerradura tiene más de una llave de repuesto. Nos sentíamos privilegiados y hasta vacilamos en más de una ocasión de nuestro “arsenal prohibido”. Nuestro secreto compartido se fue extendiendo por el colegio y no sé cómo, ¿un chivatazo?, nos descubrieron. Allí estaba D. Félix sentado, esperándonos tan tranquilo, cuando abrimos la puerta del taller, con las revistas en las manos…

Continuará...

viernes, 28 de noviembre de 2008

Represión por norma

Otra experiencia dolorosa que me marcó fue en 5º curso. Dábamos como idioma francés. Después de las vacaciones de verano, nos reencontramos de nuevo en el colegio; todos volvíamos con nuevas esperanzas y expectativas. Después de la famosa y temida “reválida” de 4º las bajas entre los compañeros serían muchas y todos volvíamos con la incertidumbre de no saber quiénes se habrían quedado en el intento. Nos encontraríamos más de una sorpresa, y como siempre, las sorpresas pueden ser buenas y deseadas o muy malas y despreciadas. Era una incógnita para todos; algunos viejos y queridos compañeros ya no estaban; se habían quedado en el camino. Otros eran nuevos, caras nuevas, miradas nuevas, costumbres nuevas… lo nuevo siempre te pone en guardia.

Empezó el curso y como se dice popularmente, “cada mochuelo a su olivo”; nos distribuyeron en las distintas clases según materias y optativas y a trabajar el día a día.

Como ya he dicho anteriormente yo estaba en la clase de francés y conmigo mi buen amigo José María Sánchez; Él era salmantino, de Galinduste, pecoso y un maravilloso pelo rizado; por necesidad o por capricho, durante el pasado verano había estado en Francia, en la región de Alsace, trabajando y de camino aprendiendo el idioma de los nativos. Esa experiencia la supo explotar bien en clase de francés; lógicamente era el número uno y eso se lo agradecía la profesora Dª Elvira. Todos queríamos estar a su lado en clase para hacer los ejercicios y recibir alguna que otra ayuda en los exámenes. Total, se convirtió en el compañero deseado.


Continuará...

domingo, 2 de noviembre de 2008

Reminiscencias del pasado. Capítulo XXI

Sin saber cómo me vi empotrado contra la pared del pasillo; cuando reaccioné, ya había recibido dos o tres bofetadas y sólo podía ver delante de mí la falda de una sotana que terminaba en unos negros zapatos. Desde ese momento supe que la vida en el internado sería difícil si te salías de lo establecido.

La reprimenda fue terrible; el “führer” me mandó a su despacho y una vez allí siguió ensañándose conmigo poniéndome las cosas claras de quien llevaba “la campanilla”. Ese día me quedé sin desayunar y estrené el famoso talonario con diez puntos menos; todo para hacerme comprender que de la casa de Dios hay que salir respetuosamente.

Años después aprendí que Dios es AMOR y que aquel dios que nos quisieron mostrar no existe más que en la mente represora y vulgar de un hombre altivo, prepotente y amargado.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Reminiscencias del pasado. Capítulo XX

Misa diaria y obligatoria, bien temprano, antes del desayuno. Los cursos, en la capilla, ocupaban los bancos según iban bajando de los dormitorios; pues bien, una mañana al finalizar el acto religioso me di cuenta que Andrés estaba sentado detrás de mi y al salir de la capilla nos saludamos y como dos amigos, dos niños inocentes, nos abrazamos y como un acto reflejo nos echamos el brazo por encima de los hombros y así salimos al pasillo que conducía a las escaleras para ir al comedor; tan contentos íbamos por nuestro encuentro que ignoramos a Don Félix en medio del pasillo, controlando la subida al comedor; por supuesto nos llamó al orden y con un gesto nos indicó que nos separáramos; Andrés, rápidamente dejó caer su brazo, pero yo seguí y me encogí de hombros. Aquel gesto fue mi perdición...

domingo, 26 de octubre de 2008

Reminiscencias del pasado. Capítulo XIX


Mi primera sacudida de odio llegó una mañana cualquiera, de un día cualquiera. No llevaba en el centro ni un mes. Ignoraba que hubiera un chico de un pueblo cercano al mío; su padre amigo del mío. Resulta que él llevaba en la Uni vieja casi un mes, esperando a que terminasen las obras del Rey Fernando para incorporarse, ya que hubo una primera expedición que salió antes que la mayoría y la alojaron en el Don Bosco.

En la primera carta que recibí de casa me informaban que había un chico llamado Andrés; él estaba un curso por debajo de mí y por eso no tenía yo constancia de su existencia, ya que ocupábamos espacios diferentes según el curso al que pertenecías. No me fue difícil dar con él y desde el primer momento sintonizamos y cada vez que podíamos nos buscábamos para estar juntos y hablar de nuestras gentes; Nos hicimos inseparables, siempre con las limitaciones de estar en cursos distintos; Compartíamos espacios comunes: cafetería, sala de juegos, sala de televisión, patios… y naturalmente, la capilla.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Reminiscencias del pasado. Capítulo XVIII

Estado actual (inaugración junio de 1958)

Monumental y grandiosa estación de RENFE de Zamora

Los primeros días eran de toma de contacto; poner en marcha un colegio nuevo con varios cientos de críos asustados, venidos de todos los rincones de la “Patria”, no era tarea fácil. Había que amenizar al vulgo infantil y, en eso, los padres salesianos eran expertos por su gran práctica en el trato infantil. Durante la mañana, pasábamos las horas ocupados entre recoger materiales, conocer nuestros aposentos, clases, lugares lúdicos, patios… Pero llegaba la tarde y la rutina se rompía; creo que a la mayoría nos encantaba enfilar la calle de los “chalecitos” y dirigirnos a la “Uni vieja” para la proyección cinematográfica. Estábamos en los primeros días de un otoño lluvioso y era habitual que el suelo estuviese siempre mojado y a veces con grandes charcos. Recuerdo que una de las primeras películas que nos pusieron tenía como nombre “El tren fantasma”, en blanco y negro; naturalmente era de “miedo”; no exagero si digo que a la mayoría nos puso en algún momento los pelos de punta; cosas del azar la estación de ferrocarril zamorana estaba muy próxima al colegio y por las noches, cuando oía a aquellas viejas locomotoras de vapor resoplar, se me erizaba el vello y, en más de una noche, bajo las sábanas me estremecía y me costaba conciliar el sueño por el dichoso “tren fantasma”.

viernes, 27 de junio de 2008

Reminiscencias del pasado. Capítulo XVII

Compañeros de Zamora que se fueron a Córdoba; Ansio es el chico con gafas

Y llegó la hora de las clases: pupitres nuevos, individuales, claro, tal vez por aquello del contacto carnal; cada uno tenía su sitio y había que respetarlo, para mejor control de los “profes”. Al momento conoces a todos los que te rodean, tus vecinos… te familiarizas con ellos, los haces tuyos, vives con ellos, te sientes protegido y sobre todo confiado en que te van a proteger de los posibles ataques malintencionados; miradas furtivas, cómplices… pues bien, cuando más a gusto te sientes, bien mimetizado con el entorno, feliz, llega el “educador de turno”, nuestro tutor, y te desbarajusta, te remodela, te trastorna, te muda de aires… El caso es no dejarte en paz.

En clase estaba a mi derecha un chico, andaluz también, de un pueblo de Córdoba; se llamaba Ansio Lesmes; Él se sentaba junto a la ventana que daba al pasillo de las clases; desde el primer día que entramos en aquella aula congeniamos a las mil maravillas. Me sentía seguro a su lado y, no sé si por su acento andaluz, también protegido. Pues bien, no sé porqué, un día me vi sentado al final de la clase, el último de la fila, junto a unas cortinas de color marrón, que ocultaban las perchas donde colgábamos nuestras prendas de abrigo y alguna que otra bolsa de deportes. ¡Qué sensación tan espantosa! Me sentí mal; estaba como en territorio enemigo, solo y sin protección.

A él lo colocaron en la fila de las ventanas que daba al jardín. Nos miramos y casi de tapadillo, sin hablar, nos dirigimos una leve sonrisa en agradecimiento por haber sufrido, ambos, la ausencia de nuestras familias.
Un mes más tarde nos reunieron después de la cena, a todos los andaluces para darnos la opción de poder marcharnos a seguir nuestros estudios a las Universidades Laborales de Córdoba o Sevilla. Ansio, junto a Giráldez (otro chico cordobés) se fue a su tierra, y yo… en clase empecé a conocer a un chico que llevaba gafas con montura negra de pasta y cristales verdosos; era catalán… un andaluz y un catalán, ¡vaya pareja! Ese chico se llamaba Carlos.

jueves, 19 de junio de 2008

Reminiscencias del pasado. Capítulo XVI

Curso 2º C (año 1966 - 67)
Los primeros días fueron de toma de contacto. Los recordaré años más tarde cuando llegué al campamento de Campo Soto en San Fernando (Cádiz) para cumplir con mi "obligación patriótica" y la historia se repitió. Cada uno tenía que saber a qué curso le había tocado; pertenecer a un grupo te hace más grande; ya no eres tú, ya eres también lo que te rodea; a mí me tocó 2º C por haber elegido como idioma francés y un tutor que era más largo que un espárrago “subío”; su nombre era Luís; perdón, don Luís. Siempre metido en su sotana que no le impedía dar aquellas largas zancadas que por Zamora nos llevaba asfixiados los domingos después de comer y antes del esperado cine. En dos horas de paseo la dábamos varias vueltas a la ciudad. “Zamora no se ganó en una hora, pero nosotros la recorríamos en media”

Eran tiempos para recibir los materiales que papá “Régimen” nos regalaba: ropa, calzado, material escolar… socializar en la igualdad; todos iguales para no pensar en otra posibilidad. Eran tiempos de colas, de esperas, de tomas de contacto, de conocer lo que sería nuestra “casa” en lo sucesivo. Salas de recreo, campos de fútbol, “Uni vieja”, campos de deportes… ¿Y tú, cómo te llamas? ¿De dónde vienes?, etc.

Recuerdo que era por la tarde de un día otoñal cuando nos llevaron a conocer los campos de deportes. Al contemplar el campo de fútbol grande de hierba todos como embrujados por la imagen tan hermosa, nos fuimos como cabras locas al césped a revolcarnos, tal vez recordando los prados verdes de nuestros pueblos… Era una verdadera fiesta infantil y tan absortos estábamos que no nos dimos cuenta de que nuestra acción provocó una reacción en cadena por parte de los ángeles negros, con espadas de fuego, vociferando y hasta creo que maldiciendo, dando palos a diestro y siniestro y nosotros… ¡sálvese quien pueda…! Aquella acción fue traumática y nos enseñó lo que nos esperaría en adelante cuando se tomaran iniciativas propias. Aquello me enseñó a no bajar la guardia desde entonces y allí donde estuviera, cabría la posibilidad de que apareciera un “lobo” para atacar a los indefensos corderitos.

Todo era maravilloso desde el punto de vista de medios con los que contábamos, pero había que tenerlos siempre en perfecto estado de revista para las posibles visitas de inspección. ¿Alguien se bañó alguna vez en la hermosa piscina?

Dedicada al curso de 2º C con todo mi cariño

miércoles, 4 de junio de 2008

Reminiscencias del pasado. Capítulo XV

Con todo mi cariño a Varela.
Tan ensimismado estaba que no me di cuenta que a mis espaldas un chaval, alegre, muy vivarachote se dirigía a mí con un acento que me era muy extraño. No sé cómo, pero al verlo me tranquilicé y una sensación de paz y confianza me invadió. Era un torbellino de ideas y no paraba de preguntar mi procedencia, mi nombre… Seguramente se compadeció al ver la cara de pena que tenía y así tal vez olvidar la suya.

- Me llamo Manuel Álvarez Varela. Vengo de Coruña. Llegué anoche en tren.

Hablaba muy raro y cuando yo le contesté, él también se extrañaría de mi forma de hablar. Un andaluz y un gallego, los extremos de una España pobre y rica, seca y húmeda. Él alegre yo triste, una contradicción si se piensa en el típico tópico.

Fue mi primera referencia, mi primer refugio. Bastaba estar a su lado para olvidarse de lo que tan tristes nos ponía. Manuel era espontáneo, salvaje, un pillastre de mucho cuidado, a veces, un incomprendido por parte de la mayoría, chicos y grandes; un rebelde, siempre dispuesto a hacerte un favor... y al final su actitud lo llevó al mismo sitio por donde llegó. Es curioso como las vidas de algunas personas se entrecruzan. Fue mi primer amigo en la “Uni” y puedo presumir que yo fui el último ULZ que habló con él antes de subir al tren que lo devolvería a su tierra como si fuera un apestado. Resulta que como era lógico, en un sitio donde se pasan tantos ratos y se comparten tantas horas, el prestarnos algo era normal. Compartíamos la ropa y a veces hasta los sueños más eróticos. Manuel que era muy espabilado, en los silencios nocturnos nos contaba con pelos y señales como se “tiraba” a una gallega en su casa cuando sus padres no estaban; lo contaba de tal manera que nuestra imaginación nos transportaba a ese momento y con él participábamos de aquella orgía sexual que terminaba por juntarnos clandestinamente en los lavabos para terminar cada uno con su final deseado. ¿Qué sabíamos nosotros de normas? El día que expulsaron a Varela llevaba mi mejor “saquito” (jersey, para los no granadinos) y pedí permiso para ir a recogerlo a la estación; llegué allí y lo vi sentado en un banco, solo como un criminal. Pero no perdió nunca la sonrisa; me miró y supo al instante a lo que iba; lo sacó de una bolsa y me lo dio

- Pensaba mandártelo, me dijo.

Llegó el tren, se subió y mirándonos nos dijimos adiós, sabiendo que nunca más nos volveríamos a ver. Los años que estuvimos juntos fueron un continuo aprender a luchar por lo que uno desea y él lo único que quería era ser libre, triunfar en un equipo de fútbol y ser feliz haciendo lo que su imaginación le indicaba. Pero la realidad le decía en cada momento que en esta vida hay que superar unos obstáculos que no siempre se culminan. Varela tuvo tiempo de meditar sobre su vida en los largos, fríos y solitarios días que pasó en la “nevera”. Si te salías del camino marcado, pronto te hacían volver a la cruda realidad. Sacrificio, voluntad y por encima de todo obediencia; esas eran las consignas del Régimen.

Cualquier parecido con la realidad...

domingo, 1 de junio de 2008

Reminiscencias del pasado. Capítulo XIV

Esa maleta semejaba a mi vida, que llegó a Zamora vacía, como yo, y año tras año se fue llenando de experiencias, de vivencias, unas veces buenas y otras no tan buenas, que con un poquito de sal y perejil es el resultado de una persona marcada por el sello del compañerismo, la solidaridad… Soy un ULZ y me siento orgulloso, no puedo renegar de lo que soy y lo acepto. En aquella maleta también hay parte de todos vosotros que como un gran puzzle integráis mi vida.

Cada tres tramos de escalera alcanzaba un pequeño hall y encima de las puertas del ascensor estaba el rótulo donde se leía el número de la planta. Primera, segunda…Una a una iba superando el gran obstáculo de la ascensión que cada vez suponía más trabajo culminar. Sexta, séptima… Ya falta una, me dije, un esfuerzo más y todo habrá terminado. Por fin gané la batalla a la gravedad y antes de entrar en el largo pasillo, donde se distribuían las dieciocho habitaciones, me detuve un momento para reposar y ver a los más pequeños del grupo seguir escalando hasta la novena o la décima. Era un poco absurdo, para mí, que los más pequeños tuvieran que hacer más esfuerzo El edificio estaba organizado por cursos y los de los cursos inferiores estaban en las plantas superiores. Con el resuello recuperado me dispuse a entrar por la puerta de cristales que separaba el hall del largo pasillo que contenía las habitaciones; Entré y lo primero que te recibía, a ambos lados, eran dos puertas que daban a los servicios y duchas; a continuación estaban las habitaciones empezando por la derecha el número uno y así hasta llegar al dieciocho. Era un pasillo largo y blanco inmaculado, sólo interrumpido por los huecos oscuros que dejaban las puertas abiertas de las habitaciones. Había mucho trajín de maletas y de chavales yendo de un lado para otro. En la primera puerta me detuve y pude localizar rápidamente mi acomodo por que justo enfrente de la primera habitación se encontraba la mía. Para corroborar que así era a la derecha de cada hueco de la puerta había un rotulito con el nombre de los inquilinos del apartamentito. Leí y pude encontrarme en segundo lugar; había cinco nombres escritos.

Una vez dentro del habitáculo me topé, a mi izquierda con una litera y enfrente con una cama debajo de una gran ventana y a su izquierda con otra litera. Toda la pared de la derecha era un enorme armario con varias puertas correderas.

Una muestra de nuestra juventud...

jueves, 22 de mayo de 2008

Reminiscencias del pasado. Capítulo XIII

Muy serio se presentó y su voz ya no nos era familiar:

- Soy don Félix, vuestro “Consejero”- dijo con voz firme y seria.

La “x” de Félix se me clavó en el tímpano y todavía me parece estar oyéndola. Su acento era como aquellos de los presentadores de la televisión, demasiado fino para unos niños llegados del sur. Desde ese preciso momento me di cuenta que mi aventura como becario no se podía detener, ya no volvería a corretear por mis “campos” andaluces llenos de luz y sonidos salvajes, primitivos… Empezó dándonos las instrucciones necesarias para enviarnos a cada uno a nuestro destino según el curso al que estábamos matriculados y por orden alfabético. Me consolé pensando que por lo menos no sería de los últimos y me pondría a salvo de aquel horrible frío.

- García Narváez, Salvador – dijo, como quien está leyendo la lista de desaparecidos en un accidente o catástrofe natural.

- Servidor – grité con la voz temblorosa por el frío.

- Planta 8ª, habitación 18 – continuó leyendo.

Como un autómata empecé a moverme y a seguir los mismos pasos que habían tomado mis predecesores. Subí las escaleras y un golpe de aire caliente me abofeteó la cara; ¡dentro había calefacción! Nada más entrar vi frente a mí el primer tramo de escalera y a la derecha de ésta, dos hermosos ascensores. En ese momento sentí alivio, pero por poco tiempo; otro “hermano” vestido con sotana nos indicaba el camino a seguir, que no era otro que las escaleras. Había que subir ocho plantas a pie ligeramente cargados como mulas y después de un largo viaje. Así lo hicimos y como una carrera de obstáculos iba encontrando a los más débiles, a los que habían empezado antes y sus fuerzas flaqueaban más que las mías. Cada piso subido era un punto más a nuestra conquista; nos íbamos dando ánimos los unos a los otros y a veces nos parábamos a charlar y a hacer cualquier comentario que nos sirviera para solidarizarnos con los más débiles, otras veces nos ayudábamos unos a otros con las maletas, que si bien pesaban poco, era más el cansancio que la fuerza.

Primera grabación en 1969